El «pienso, luego existo» de Descartes es uno de tantos axiomas unisex para deambular por la vida de cada día. Verbi gratia: amo, luego existo; compro, luego existo; discrepo, luego existo; hipotécome, luego me comen; mercadeo, luego existo; sueño, luego vivo; y así hasta, soy noticia, luego existo… Seguro que usted lo ha captado. El secreto consiste en anteponer el verbo que más nos venga en gana – o menos – y uno se chuta el gustazo de sentirse filósofo post-socrático. Un buen amigo a quien no conozco, sentencia que el sentido de la vida es el de una cerilla que arde: su razón de ser es la combustión. Y en esa llamarada uno ha de saber quemarse. Bonita imagen y sesuda manera de preconizar el método bonzo como actitud vital. O cuando menos, lavar la cara del pirómano ocasional con sentido del gol veraniego. No hay más cera que la que arde, dicen que dijo la abeja Maya.
Este exordio existencial, viene a cuento del Pues eso de hoy. En los años que llevo por estos lares, me ha llamado la atención el gusto que ayuntamientos y corporaciones civiles leridanas sienten por cualquier tiempo pasado, que como poetiza Jorge Manrique, fue mejor. ¿Seguro? En la epístola XXIX, Quevedo dixit, «No seas de los vulgares que dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pues forzosamente dirá el futuro, en llegando, que es mejor que este presente, no por bueno, sino por pasado». A lo que voy. Empieza a ser preocupante la manía por mercados, ferias y festejos con sabor añejo, mayormente medieval. Días atrás leía en LA MAÑANA que el Institut d’Estudis Ilerdencs acogía el XVII Mercado Medieval de Guimerà, mercado-feria-espectáculo con un presupuesto de 27.000 euros, el 10% menos que en 2010. Es obvio que el mercadeo histórico-medieval de Guimerà, señera población declarada Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN) por la Generalidad de Cataluña, ha abierto el apetito a buena parte del territorio. Pasen y vean.
Además del de Guimerà (6 y 7 de agosto), estan los Firals de Bellvís (30 y 31 de julio) que con la excusa del picaporte de la familia Bufalà inventada por el señor alcalde, reunen gentes y gentíos con deseos de viajar a un pasado que nunca existió. Luego uno puede desplazarse – dicho en sentido estricto de extrañamiento – a la renacida vecindad de Olp, encima de Sort, con sus Fiestas del Sitio de la villa (15 agosto) que pretende remememorar los infaustos hechos de 1485, cuando el manirroto Hug Roger III dilapidó el condado. Sigamos. Antes o después, según se mire, se programan: el Mercat Medieval dels Canonges a la Seo de Urgel (5 y 6 junio); los de Almenar (11 y 12 junio); Puigverd de Lleida (16 de abril); Montsonís (octubre); Ciutadilla (30 abril y 1 mayo); Aitona (21 mayo); Florejacs (4 y 5 abril); las fiestas-mercado de las Trementinaires, recolectoras de la trementina de los pinos, en Josa y Tuixent (28 mayo); el libertino mercado romano de Iesso en Guissona (16 julio); y cómo no, las rutilantes escaramuzas y escaramozas de los Moros y Cristianos de Lleida capital (15 mayo)… Y el muestreo, a buen seguro, no es del todo exhaustivo, ni se agota. Algún que otro pueblo y mercado habré olvidado en el tintero del ordenador. Desde aquí mis disculpas.
Por tanto, la pregunta del millón se impone: ¿a qué se debe tamaña fiebre por recuperar mercados, festejos, commemoraciones, leyendas urbanas, hechos históricos, que, las más de las veces, nunca jamás existieron? Desde que alguien inventó el detritus “industria cultural”, es decir, fabricar productos para consumo del turismo cultural (!?), cada barrio, villorrio, pueblecito, pueblazo y ciudad de provincias montaraz, se cree en la obligación de existir en el Mapa Cultural. Por eso, las fuerzas vivas del lugar dedican lo más mimético de sus meninges a diseñar chiringuitos que los situen en la pole position del mercado. ¿Mercadeo, luego existo?
Pues eso.
Text de Rodrigo Armenteros – Pues eso
Font: LA MAÑANA, dijous 11 d’agost del 2011 (enllaç)